Y el clima finalmente ganó la pulseada. Cuando la televisión era un tubo pesado que transmitía imágenes en blanco y negro, don Bernardo Razquín era un personaje raro dentro del noticiero. Estaban los que lo tomaban en serio y los que se reían de él. Hoy ya no se discute la importancia del clima; o mejor dicho: el cambio climático se ha convertido en un problema mundial porque el planeta está en peligro. Aquel sabio mendocino sería ahora un ser indiscutible. En París le estarían dando la razón en estos momentos. Pero el clima no era en su época un tema central de los medios de comunicación. Tampoco la política suele tomarlo en serio hoy. No ha figurado entre las principales preocupaciones de los miles de candidatos que han hecho campañas electorales estos años. París, aturdido por la muerte, ayuda a poner el grito en el cielo por el cambio climático. Está lejos el debate; habría que cruzar el océano para acercarse. Sin embargo, año tras año, en nuestro Tucumán las alertas se encienden pero siguen siendo eso: alarmas que no pueden transformarse en políticas de Estado.
El viernes por la noche los tucumanos vivieron la misma película. Llueve, caen rayos, todo se inunda, las calles se anegan, los autos se convierten en intrépidas lanchas como si se tratara de un film de ciencia ficción, uno que otro rayo romperá algo y algún corte de luz hará de las suyas. Al día siguiente los políticos analizarán el costo político de la tormenta y obrarán en consecuencia. Si los evacuados son muchos habrá conferencia de prensa; y si nada llamó la atención la película pasará al olvido hasta la próxima. El viernes a la noche, Hipólito Antonio Brozoski murió como consecuencia de las inundaciones tucumanas. Había venido de la lejanísima Santa Cruz al casamiento de su hijo Santiago. La alegría devino en tragedia. La intervención heroica de Eduardo Said Ale evitó que todo fuera peor. El cuestionado joven –tuvo causas penales- salvó a las otras dos mujeres que iban en la camioneta.
“¿Se fijaron los tres que se quedaron atrapados en el lugar son del interior?”, reflexionó un conocido médico que suele pasar por la zona. Se refería una camioneta Toyota que era conducida por vecinos de Los Bulacio y una EcoSport que manejaba un famaillense. En el señalamiento de que los tres casos tenían como protagonistas a personas que no suele andar por la zona cuando llueve, este médico advertía la desatención en la zona. En marzo, los ríos tucumanos se llevaron puestos 12 puentes y sus arreglos no fueron cuestión de Estado para el Gobierno. Había más preocupación (y dinero) en las cuestiones electorales.
El viernes por la noche, en este Tucumán todo fue normal porque nada fue nuevo. Pero la normalidad trajo una muerte que se pudo haber evitado. Ahí es donde debería despertar el político. No se cerraron calles, no se recomendó no salir ni se frenó a los ciudadanos que no ven el peligro. Tampoco se trabaja a destajo -y sin diferencias partidarias- para que los ríos sean menos bravos y las calles más amistosas. “Si relampaguea y truena, viento habrá de donde suena”, cuentan que decía Razquín. Hoy, cuando los televisores son en technicolor y la tecnología avisa todo, podría servirle a la dirigencia para que los vientos de la responsabilidad no agüen la gestión, sea municipal o provincial. La muerte y la naturaleza no admiten discusiones. Las autoridades deberían imitarlos.
Goteras
El Palacio de Justicia no ha sufrido inundaciones, pero las goteras institucionales dan que hablar. Todo es una discusión y, como si se tratara de una herencia de tiempos no tan lejanos, se reducen los problemas a dicotomías de amigos y enemigos. La lógica jurídica queda de lado. A eso ha quedado reducida la situación del ministro fiscal Edmundo Jiménez. O están con él o no. Hasta la Corte Suprema de Justicia se inscribe en batalla. No importa si actuó bien, o no. Mientras algunos jueces o fiscales se anotan en uno u otro ejército, no faltan los que temen porque se preocupan por sí mismos. En este grupo hay quienes piensan cuestionar que el voto de un camarista se haya convertido en tema de análisis en la Corte. Debió haber sido una denuncia lisa y llanamente. El durísimo pronunciamiento del magistrado Enrique Pedicone fue un sacudón muy fuerte en Tribunales y la Corte, específicamente, el presidente Antonio Gandur, le dio un tratamiento que algunos jueces consideran impropio.
Jiménez también es una cuestión de Estado. El ministro de Gobierno, Regino Amado, analiza su situación; aunque el gobernador prefiera que el Poder Ejecutivo sea prescindente. En ese marco, Amado habría escuchado informes que exceden las cuestiones lógicas. Sin embargo, el ministro habría optado por no actuar. En Tribunales dicen que el Poder Ejecutivo analiza nombres para que cualquier conflicto no lo tome por sorpresa.
También hay fuentes tribunalicias que habrían intercambiado palabras con funcionarios del Poder Ejecutivo que afirman que nunca es bueno darle por ganadas batallas al periodismo. Un reduccionismo lamentable. La prensa no gana ni pierde batallas, no pone ni saca funcionarios. Eso es propio del imaginario político. Estos conflictos han derivado hasta en veladas amenazas y en denuncias muy duras que de ninguna manera debieran prestarse a discusiones. Si existen delitos o faltas, se denuncia y se actúa en consecuencia; y si no, se tiran las especulaciones a la basura. Algo parecido ocurrió en la Legislatura cuando algunos parlamentarios le recomendaron al vicegobernador Osvaldo Jaldo que mantenga a Claudio Pérez en la secretaría del cuerpo, porque lo contrario sería darle la razón a LA GACETA. Un tristísimo razonamiento para el Poder Legislativo que sólo debía evaluar si el sistema de pago a sus principales figuras era correcto, o no. En ningún momento la prensa digitó o promovió designación o destitución alguna. Las lecturas del poder suelen confundir y equivocar las interpretaciones sobre el poder.
Denuncias pendientes
Mientras en la Corte esperan que en la semana cortísima que viene René Goane termine de hacer su presentación en contra de la decisión de sus pares de no designarlo como vocal decano, en la Universidad Nacional de Tucumán ya empezaron las escaramuzas por los comicios venideros para elegir consejeros.
Se dividen las aguas entre la rectora, Alicia Bardón, y el vice, José García. Pero también empiezan a circular críticas sobre el desempeño de algunos funcionarios elegidos personalmente por Bardón. La lupa ha sido puesta en el área encargada de preparar una señal audiovisual.